Dragonlance Wiki
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Copper Dragon

Dragón de Cobre

"Pero si nos falla la suerte, y Garra nos ve aunque sólo sea una vez, sabrá como mirarte y reconocerá tu temor más profundo, el miedo que te paraliza, y usará ese terror y te matará con él como si fuera una espada que pudiera partirte en dos" -- Tarran Quebracho.

Garra era un Dragón de Cobre. Un gran macho que vivía bajo las montañas Kharolis, a gran profundidad, allí donde incluso los enanos de Thorbardin no iban jamás.

Su nombre le hacía justicia. Era como una garra, larga y veloz, y muy afilada. Era de color cobrizo, viejo y le ciega la codicia... era un ávaro. Acumulaba cosas para esconder aquella que le era más preciada. Ese dragón tenía el alma fría como la de un gato; le gustaba jugar con su presa. La voz de Garra era sepulcral, como la de un fantasma.

Custodiaba un gran tesoro del tamaño de un edificio. Era tan espectacular que costaría imaginarlo en sueños. Un bonito tesoro de piedras preciosas en bruto procedentes de las montañas de Karthay, montones de topacios sin tallar. Era como si se caminara a través de fuego helado. Habían torques doradas de Istar, anillos de Palanthas... cálices y bandejas de las torres de los magos, de las salas de los caballeros, de las mesas de los señores elfos de Silvanost. Había una espada cuya hoja estaba picada por la herrumbre, deslustrada por los años; el mango era un rubí, una piedra maciza tallada para una mano delgada. Pertenecía a una reina de los elfos y se cuenta que la forjó ella misma hace tanto tiempo que en la actualidad su pueblo casi no recuerda ni su nombre. El tesoro más preciado para Garra era un cráneo de otro dragón y destacaba entre todas las piezas que formaban parte del tesoro del dragón. De un tamaño mayor que un humano, el cráneo estaba oscurecido por los años. Los colmillos estaban cubiertos de oro, las cuencas de los ojos embellecidas con plata y tapadas con un rubí grande, del tamaño de dos puños juntos. Se distinguían también siete espinas óseas que debían haber sido el inicio de una cresta que recorría toda la espalda del dragón. Estaban cubiertas por fundas de plata y adornadas con unas redes de delgados hilos dorados de los que pendían diamantes y zafiros de un azul intenso. Ese esqueleto, cubierto de oro, plata y piedras preciosas, era el tesoro de Garra.

Garra había construido unos peldaños en su guarida para que algún maestro joyero, o más de uno, pudieran hacer este trabajo. Es una obra maestra propia de enanos. Garra debió de hacer un trato con alguien de Thorbardin hace mucho tiempo.

Solía alimentarse por la noche en el bosque en el que nadie osa adentrarse. Su mirada clavada en un objetivo era como si algo frío, duro y afilado penetrara en lo más profundo de su ser, donde se aloja el corazón, y todas las cosas que uno sabe y recuerda, que espera y teme. Garra podía ver el interior de los corazones. Cuando lograba encontrar el miedo en su víctima, lo disfrutaba cruelmente mientras soltaba una fuerte carcajada.

El dragón tiene un sistema para convertir su aliento en ácido cuando le conviene.

Historia[]

"¿Tienes miedo? ¿Tienes miedo de no ser lo bastante rápido? ¿O suficientemente valiente? ¿Estás paralizado, Ryle Espadas?" -- Garra.

Con anterioridad, Garra se había emparejado con Llamarada, una hembra de Cobre que antaño brillaba como una llamarada, como un relámpago y un destello deslumbrante. Los restos de su esqueleto se convertirían en su más preciado tesoro.

Garra mataría a cualquiera que se acercara a su tesoro, de forma cruel. Debido a ello los enanos de Thorbardin preferirían excavar en otros lugares. Entre sus vícitimas estarían Yarden, el hermano de Tarran Quebracho y Rowson, Wulf y Oran, hijos de Lunn Golpe de Martillo.

Finalmente su tesoro más preciado, el esqueleto de la hembra de Cobre, sería hecha añicos por Tarran Quebracho y Ryle Espadas como venganza del enano por las muertes de sus familiares.

Fuentes[]

  • NANCY VARIAN BERBERICK. 1994. Una noche de estrellas fugaces (Night of the Falling Stars). Relato incluido en el libro Los Dragones de Krynn (Dragons of Krynn).
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