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"¡El dragón! ¡Venga, cuéntamelo todo otra vez y será la cien en lo que va de año!" -- parroquianos de la taberna La Rosa de El Cuervo.

La taberna La Rosa de El Cuervo se llamaba así por el pueblo y por las rosas trepadoras blancas y rojas que cubrían la valla de madera que circundaba el jardín de la taberna. Era propiedad de Cynara Tabernera.

La taberna era donde solía residir el mercenario Ryle Espadas cuando no tenía ningún encargo.

La taberna poseía un pequeño aposento sobre la sala común.

En el jardín, el emparrado del rosal se encontraba detrás de las rectas hileras de nabos, zanahorias, patatas, judías y remolachas. El jardín era el típico que se describe en las canciones y en el que uno se sentía invitado a sentarse en la confortable silla de madera, o en el banco de piedra anexo al muro cubierto de rosas. Se oía el sonido de fondo de las abejas sobre las flores. La puerta trasera, una verja que daba al jardín, chirriaba por el gozne inferior. La brisa agitaba las rosas dejando tras de sí un perfume embriagador que casi se podía palpar.

El banco de piedra del jardín era precioso, con un relieve de rosas trepadoras en los laterales y en las patas, trabajado por un maestro escultor a partir de una pieza de mármol blanquísimo. La mayoría de la gente se paraba a admirarlo. Había sido tallado por Tarran Quebracho, un enano escultor, quien se lo hizo como regalo de la primera boda de Cynara.

Fuentes[]

  • NANCY VARIAN BERBERICK. 1994. Una noche de estrellas fugaces (Night of the Falling Stars). Relato incluido en el libro Los Dragones de Krynn (Dragons of Krynn).
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