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"Creo que es un mal presagio. Cuando a finales del otoño hace calor, es que se avecina un crudo invierno" -- Woodrow Ath-Banard.

Woodrow Ath-Banard era un joven humano que trabajaba para la enana comerciante Gisella Hornslager. Suele ser el encargado del cuidado de los caballos que tiran del carromato de su patrona, así como de preparar la fogata en sus expediciones comerciales. Woodrow era huérfano. Su padre pertenecía a un familia de Caballeros de Solamnia. Su madre murió en un parto prematuro. Al quedar huérfano, su tío Gordon, hermano de su padre, lo acogería en su casa.

Woodrow fue entrenado, día tras día, en el Código y la Medida para ser escudero de su tío Gordon, un Caballero de Solamnia, igual que su padre. A pesar de ello él no quería ingresar en la caballería al conocer cómo había muerto su padre. Hubo de marcharse, de escapar de su tío al no entender éste su desaprovación en proseguir los pasos de su padre y tío. Conoció a la enana Gabriella Hornslager en la feria de Sanction. Él necesitaba un trabajo y ella un asistente. Si hay algo que aprendió a hacer bien como escudero, fue a limpiar las piezas de caza.

Woodrow, de complexión magra y musculosa, graznaba con una voz nerviosa, que se movía con agilidad y discreción, como si de un fantasma se tratarse, procurando no estorbar la magnificencia de Gisella, su empleadora. Era alto y de constitución fibrosa. De sus rasgos sobresalían la nariz, firme y aguileña, y el pelo rubio pajizo que parecía cortado con un tazón sobre la cabeza. Woodrow tenían un natural semblante pálido.

Vestía, en contraste con la enana, unos sencillos pantalones de tela gris y una camisa acolchada de manga larga, del tipo que se llevaba bajo una cota de malla. Era evidente que sus ropas habían conocido tiempos mejores; la tela estaba descolorida, con algún que otro desgarrón y varias costuras sueltas. Por si fuera poco, los puños de la camisa le quedaban dos dedos por encima de las muñecas.

Woodrow solía sonrojarse hasta la raíz del cabello cuando Gisella Hornslager le guiñaba ¡el ojo con coquetería. Era obediente con su patrona a la vez que es educado y muestra timidez. Muy sensible a las supersticiones relacionadas con la mala suerte. Woodrow solía hablarle a los caballos pues les había cogido afecto en el tiempo que había trabajado para la señorita Hornslager.

Él notaba que aunque no podía hablar con los animales, le parecía que los comprendía, captaba sus sentimientos, su estado de ánimo. Tan solo tenía problemas con las lagartijas y alguna clase de pájaros. Woodrow observaba y escuchaba. Siempre se había podido comunicar con ellos. Considera que es algo que todos podrían hacer si tan solo prestaran un poco más de atención.

Historia[]

Preludios de la Guerra de la Lanza[]

En el 346 AC, Gisella Hornslager y Woodrow, su empleador, fueron enviados a traer de vuelta a Tasslehoff Burrfoot a Kendermore, para que se casara con Damaris Metwinger, su prometida.

Fuentes[]

  • MARY KIRCHOFF. (1989). El País de los Kenders (Kendermore). Volumen I
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